lunes, 10 de enero de 2011

Opciones de cavernícola


Son las 9.50 de la mañana y he llegado desde mi cueva trepado en un terodáctilo. Poco a poco iba descendiendo a mi trabajo, donde el olor de tinta y papel eran notorios, así como el estupefaciente que hace que los periodistas sigan escribiendo por horas y gho de horas.
Sin embargo, mi sonrisa de troglodita bueno se borró cuando un cromagñon pasó trepado en una motocicleta de piedra y me salpicó el fango de la calle. Estábamos en la avenida principal de esta ciudad maldita, tupida hasta el cielo de humo y climas diversos.
Oye infeliz hijo de tu cavernicola madre - Le dije, mientras este individuo se alejaba por entre las cuevas de la ciudad.

Camine por unas calles pensando en lo afortunado que fui al no ser atropellado por este infeliz cromagñon. Al dar la vuelta a la esquina pude verlo estrellado sobre el piso. Mi cavernícola agresor estaba tirado boca arriba y gritando por ayuda. Me acerque junto con otros trogloditas que estábamos cerca para tratar de ayudarlo.

El mensaje, algo social, de este post es que a pesar de que sintamos algo de rabia tenemos siempre dos opciones. Ayudamos a nuestros agresores, o simplemente los dejamos morir, para luego cortarlos en pedazos y los lanzamos al mar, (Así nadie los podrá encontrar)

domingo, 9 de enero de 2011

Trogloditas medio locas


Cuatro trogloditas se emborrachan con botellas relucientes y vasos sucios en una cueva en la avenida principal de esta ciudad maldita, llena de tigres y alimañas de nombres diversos. Una hembra cromagñon de cabello largo y feromonas amenazantes llama la atención de uno de los energúmenos sentados al pie de la fogata. Todos ellos para las 11 de la noche ya estaban totalmente borachos. Empieza el cortejo con rituales de bestias que, incluye bailes al son de quijadas de animales. La meta es una noche apasionada con la hembra, y finalmente uno de ellos alcanza el premio... Lo que pase después es una historia conocida, como en el caso de las viudas negras donde la muerte del macho es inminente, o algo parecido.

¿Te divertiste esta noche? - Le pregunta la hembra, quien con sonrisa coqueta trata de abrazar al macho mientras éste se come algunos insectos que estaban pegados en su cabello.

Claro, ha sido un momento increible - Le responde el troglidita, que esa noche se siente un ganador - Ha sido algo increible.

La mirada de la hembra empieza a humedecerse. En segundos su rostro es signo de desgracia y frustración.

Lo que pasa es que yo no soy así - Repite ella sin descanzo y con gritos que resuenan con el eco de la cueva en donde se encuentran - Que clase de mujer pensarás que soy.

Yo no pienso nada - Es la más completa verdad, porque como macho respetado sólo pienso en alcohol y en peleas callejeras - Además, dijiste que la pasaste bien y como yo la he pasado bien, también, entonces estamos perfecto. (Gran mentira, porque usualmente sólo los machos nos sentimos bien).

Las lágrimas persisten por varias horas mientras que el tiempo se alarga. El sol se asoma por la entrada de la cueva y este macho empieza a desesperarse.

¿Que crees que digan mis padres?. Yo ni siquiera se tu nombre - Me dice la hembra, sin que le preste mayor atención que a su cuerpo. Me empiezo a quedar sin palabras y sin acciones.

¿Que puedo hacer entonces? - Le digo, dándome cuentaque al hacer esta inocente pregunta el llanto se detiene. Se seca con un pedazo de hoja seca y responde:


Nada. Sólo tienes que quererme y engreirme mucho - Dice ella, acurrucándose entre mis brazos, pero sin ningún permiso. Esta hembra sabía lo que hacía y finalmente ha ganado.
Pasada una semana ella ha planificado mi vida, mis horarios, mis sesiones con amigos, así como el uso de las frutas de mi huerto.

Cada vez que intento escapar ella empieza a llorar y ahora no tengo tanta pena, sino que quiero coger mi cachimporra y darle dos golpazos en la cabeza hasta que se quede sedada y llevarla hasta un río al otro lado del país y abandonarla allí. Tendremos que recordar que las lágrimas de una mujer, pueden ser lágrimas de terodáctilo...

domingo, 5 de diciembre de 2010

Cavernicola confundido



El sol era intenso al punto que las trogloditas dejaban sus pieles de tigre y sólo se quedaban en taparrabos en la orilla del mar. Algunos cavernícolas miraban con ansias el momento indicado para raptarlas a 'combazos' y llevarlas a sus cuevas, pero esas intenciones insanas muchas veces quedaban sólo en eso, sólo deseos.
Esa mañana este cavernícola andaba confundido, porque entender la naturaleza de los prehístoricos ciudadanos de esta horda era complicado. Si bien es cierto en el mundo las cosas se presentan en mil colores, ahora el color celeste del cielo era más oscuro de lo usual y es que, en algunos casos, pensar de manera objetiva sobre la verdad significa no saber que hacer.
Tengo que pensar - le dije a mi neanderthal amigo, quien se convertía en un maestro del fuego con hojas de tabaco entre las manos.
Le intentaba explicar, sin exito alguno, que hay sentimientos encontrados en el mundo. Entre lo que debe ser y lo que puede ser. Simplemente él miraba con extrañeza las palabras que salían de la boca de este personaje y sin poder responder nada. Una maldita mala comprensión del complejo.

Por la peluca de mi abuelo - le repetía al borde de la desesperación sin saber cual es el siguiente paso con una troglodita, y es que habìa gritado, había corrido, había golpeado, pero nada me calmaba hasta el punto de querer abandonar todo. Las cosas nunca son como uno quiere, y eso es muy complicado.

Las horas avanzaban y el sol se iba retirando a un espacio aún desconocido por el hombre. Los cromagñones salían de los bares con sus nuevas adquisiciones de bonitas piernas y las llevaban a sus cuevas, en muchos casas alquiladas a 25 soles más el costo de parking. Sin embargo, mi ambición era poder entender el mundo. El tiempo se estaba terminando y era momento de tomar una decisión crucial para este momento, el resto de las cosas que pasaban alrededor era simplemente un complemento de la angustia de ser humano.
El tiempo se había terminado y yo simplemente estaba con las manos atadas llenas de barro y una 'cachiporra' en la mano. Preferí nunca contestar la preguntar y huír de donde me encontraba. La respuesta no la quise saber y preferí olvidarme de la preguntar. La conclusión del caverícola en esta ocasión es que si le temes a una respuesta a veces, y sólo a veces, es mejor no volver a preguntarla y alejarte a otro continente donde la época glacial nunca llegue.

Atte.

El Cavernícola

sábado, 4 de diciembre de 2010

Gritos de Troglodita

La mejor comunicación. Sin duda vivimos un matriarcado, muchas veces bajo la dominación de las trogliditas. De ellas, que gritan en las calles en vez de hablar con formatos asignados por la Real Acamidemia de la Lengua Española y que lejos de culquier reparo cogen la cachiporra para lanzar golpes certeros en la cabeza, o en donde más les duela a sus afanadas parejas, que no reaccionan sino para huir de las cazadoras. Pueden verse muchos de estos especímenes fuera de los museos, detrás de un hombre y con una lanza en la mano.
Una de estas mujeres amazonas de taparrabo y corcet apretado perseguí hace dos días a un pobre hombre, quien intentaba escapar de sus gritos en medio de la Avenida España, una arteria de asfalto que conecta las cuevas de la tradicional y aleja ciudad de Trujillo.
El resto de los cavernícolas miraban con temor y preferían no darle mayor atención. Fueron casi 15 minutos de gritos, insultos, y miradas de fuego.

Tenemos que hablar maldito - le dijo ella - dejando de perseguirlo y en el fijo de una vereda. Tenía el rostro rojo como si fuera a explotar.

El se le acercó, pero miraba las posibilidades de lanzarla contra cualquier reja o cactus puntiagudo, para evitar el ataque. Era como una mosca que lentamente se acerca a su araña verduga.

Ello lo miró y le dió un abrazo, pero sin ninguna lanza escondida. Era un abrazo tierno y hasta cierto punto de amor. Los gritos desaparecieron y cuando todos menos lo esperaban ella se avalanzó contra el animal herido y le propinó una gran cachetada, dejando a su víctima mal herida.

Eso te pasa por idiota - le decía la amazona troglodita, ante la mirada de un público prehistórico y que siguió caminando como si nada hubiera pasado.

La mujer había desfogado toda su furia y se en busca de algún dinosaurio que cazar. El mensaje de este cavernicola será que ante una troglodita herida es mejor siempre salir corriendo.

domingo, 17 de octubre de 2010

Cubriendo necesidades

Los domingos por la mañana en Trujillo, al norte del Perú, decenas de personas transitan por las calles. Algunos más cavernícolas que otros y unas mujeres totalmente hechas unas trogliditas, pues las fiestas, cargadas de alcohol, no terminan sino hasta que la luz del día se asome por las ventanas.
Entre esas muchas personas que caminaban por la calle se encontraba un verdadero Cromagnon. Este hombre, afeitado y con "taparrabos" elegantes, dignos de ser un hombre con caverna fina, se tambaleaba de un lado al otro y en algunos momentos parecía que se desplomaba sobre el piso. Estaba tan alcoholizado, que empezó a hablar solo insultado a los hombres que empuzajan sus ruedas junto a él. Lamentablemente, para su tristeza y desolación, nadie escuchaba los idiomas en que hablaba.
Las horas pasaban y el rostro de este hombre empezó a compunjirse de manera extraña. Su mirada buscaba con desesperación algo, mientras que su caminar era más rápido a cada instante. Las palabras llenas de ..era y ...ajo eran demasiadas y cada dos segundos recordaba a la madre de alguien, de forma no muy amable. Arrojó la cachiporra y saltaba, como el primate que era.
De repente sus ojos se iluminaron. Al final del camino se divisaba un enorme muro blanco donde nadie lo vería. Al llegar al lugar miró sigilosamente para que no haya testigos inoportunos y en menos de un segundo empezó a miccionar sobre ese muro, que protege a las protectoras de la religión. En el idioma de los homo sapienss trujillanos, a este espacio se lo conoce como "Convento de Santa Clara", pero que casualmente nadie respeta, pues a los pocos segundos más de mis amigos cavernícolas llegaron al lugar y empezaron a dejar salir sus fluidos, junto a este espacio, incluso cuando las mujeres salían del lugar.
El día avanzaba, pero la zona ya estaba marcada como animales que somos. Este espacio una horda entera de cromagnones la había hecho suya. Era una nueva propiedad olorosa.
Los cavernícolas vuelven cada fin de semana a este lugar en busca de su marca. La buscan y repiten el ejercicio, una y otra vez hasta el cansancio. La lección aprendida es nunca dejar que alguien gane tu espacio, y cuando tienes una necesidad sólo "Despáchate".