
El sol era intenso al punto que las trogloditas dejaban sus pieles de tigre y sólo se quedaban en taparrabos en la orilla del mar. Algunos cavernícolas miraban con ansias el momento indicado para raptarlas a 'combazos' y llevarlas a sus cuevas, pero esas intenciones insanas muchas veces quedaban sólo en eso, sólo deseos.
Esa mañana este cavernícola andaba confundido, porque entender la naturaleza de los prehístoricos ciudadanos de esta horda era complicado. Si bien es cierto en el mundo las cosas se presentan en mil colores, ahora el color celeste del cielo era más oscuro de lo usual y es que, en algunos casos, pensar de manera objetiva sobre la verdad significa no saber que hacer.
Tengo que pensar - le dije a mi neanderthal amigo, quien se convertía en un maestro del fuego con hojas de tabaco entre las manos.
Le intentaba explicar, sin exito alguno, que hay sentimientos encontrados en el mundo. Entre lo que debe ser y lo que puede ser. Simplemente él miraba con extrañeza las palabras que salían de la boca de este personaje y sin poder responder nada. Una maldita mala comprensión del complejo.
Por la peluca de mi abuelo - le repetía al borde de la desesperación sin saber cual es el siguiente paso con una troglodita, y es que habìa gritado, había corrido, había golpeado, pero nada me calmaba hasta el punto de querer abandonar todo. Las cosas nunca son como uno quiere, y eso es muy complicado.
Las horas avanzaban y el sol se iba retirando a un espacio aún desconocido por el hombre. Los cromagñones salían de los bares con sus nuevas adquisiciones de bonitas piernas y las llevaban a sus cuevas, en muchos casas alquiladas a 25 soles más el costo de parking. Sin embargo, mi ambición era poder entender el mundo. El tiempo se estaba terminando y era momento de tomar una decisión crucial para este momento, el resto de las cosas que pasaban alrededor era simplemente un complemento de la angustia de ser humano.
El tiempo se había terminado y yo simplemente estaba con las manos atadas llenas de barro y una 'cachiporra' en la mano. Preferí nunca contestar la preguntar y huír de donde me encontraba. La respuesta no la quise saber y preferí olvidarme de la preguntar. La conclusión del caverícola en esta ocasión es que si le temes a una respuesta a veces, y sólo a veces, es mejor no volver a preguntarla y alejarte a otro continente donde la época glacial nunca llegue.
Atte.
El Cavernícola