sábado, 4 de diciembre de 2010

Gritos de Troglodita

La mejor comunicación. Sin duda vivimos un matriarcado, muchas veces bajo la dominación de las trogliditas. De ellas, que gritan en las calles en vez de hablar con formatos asignados por la Real Acamidemia de la Lengua Española y que lejos de culquier reparo cogen la cachiporra para lanzar golpes certeros en la cabeza, o en donde más les duela a sus afanadas parejas, que no reaccionan sino para huir de las cazadoras. Pueden verse muchos de estos especímenes fuera de los museos, detrás de un hombre y con una lanza en la mano.
Una de estas mujeres amazonas de taparrabo y corcet apretado perseguí hace dos días a un pobre hombre, quien intentaba escapar de sus gritos en medio de la Avenida España, una arteria de asfalto que conecta las cuevas de la tradicional y aleja ciudad de Trujillo.
El resto de los cavernícolas miraban con temor y preferían no darle mayor atención. Fueron casi 15 minutos de gritos, insultos, y miradas de fuego.

Tenemos que hablar maldito - le dijo ella - dejando de perseguirlo y en el fijo de una vereda. Tenía el rostro rojo como si fuera a explotar.

El se le acercó, pero miraba las posibilidades de lanzarla contra cualquier reja o cactus puntiagudo, para evitar el ataque. Era como una mosca que lentamente se acerca a su araña verduga.

Ello lo miró y le dió un abrazo, pero sin ninguna lanza escondida. Era un abrazo tierno y hasta cierto punto de amor. Los gritos desaparecieron y cuando todos menos lo esperaban ella se avalanzó contra el animal herido y le propinó una gran cachetada, dejando a su víctima mal herida.

Eso te pasa por idiota - le decía la amazona troglodita, ante la mirada de un público prehistórico y que siguió caminando como si nada hubiera pasado.

La mujer había desfogado toda su furia y se en busca de algún dinosaurio que cazar. El mensaje de este cavernicola será que ante una troglodita herida es mejor siempre salir corriendo.

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