
Cuatro trogloditas se emborrachan con botellas relucientes y vasos sucios en una cueva en la avenida principal de esta ciudad maldita, llena de tigres y alimañas de nombres diversos. Una hembra cromagñon de cabello largo y feromonas amenazantes llama la atención de uno de los energúmenos sentados al pie de la fogata. Todos ellos para las 11 de la noche ya estaban totalmente borachos. Empieza el cortejo con rituales de bestias que, incluye bailes al son de quijadas de animales. La meta es una noche apasionada con la hembra, y finalmente uno de ellos alcanza el premio... Lo que pase después es una historia conocida, como en el caso de las viudas negras donde la muerte del macho es inminente, o algo parecido.
¿Te divertiste esta noche? - Le pregunta la hembra, quien con sonrisa coqueta trata de abrazar al macho mientras éste se come algunos insectos que estaban pegados en su cabello.
Claro, ha sido un momento increible - Le responde el troglidita, que esa noche se siente un ganador - Ha sido algo increible.
La mirada de la hembra empieza a humedecerse. En segundos su rostro es signo de desgracia y frustración.
Lo que pasa es que yo no soy así - Repite ella sin descanzo y con gritos que resuenan con el eco de la cueva en donde se encuentran - Que clase de mujer pensarás que soy.
Yo no pienso nada - Es la más completa verdad, porque como macho respetado sólo pienso en alcohol y en peleas callejeras - Además, dijiste que la pasaste bien y como yo la he pasado bien, también, entonces estamos perfecto. (Gran mentira, porque usualmente sólo los machos nos sentimos bien).
Las lágrimas persisten por varias horas mientras que el tiempo se alarga. El sol se asoma por la entrada de la cueva y este macho empieza a desesperarse.
¿Que crees que digan mis padres?. Yo ni siquiera se tu nombre - Me dice la hembra, sin que le preste mayor atención que a su cuerpo. Me empiezo a quedar sin palabras y sin acciones.
¿Que puedo hacer entonces? - Le digo, dándome cuentaque al hacer esta inocente pregunta el llanto se detiene. Se seca con un pedazo de hoja seca y responde:
Nada. Sólo tienes que quererme y engreirme mucho - Dice ella, acurrucándose entre mis brazos, pero sin ningún permiso. Esta hembra sabía lo que hacía y finalmente ha ganado.
Pasada una semana ella ha planificado mi vida, mis horarios, mis sesiones con amigos, así como el uso de las frutas de mi huerto.
Cada vez que intento escapar ella empieza a llorar y ahora no tengo tanta pena, sino que quiero coger mi cachimporra y darle dos golpazos en la cabeza hasta que se quede sedada y llevarla hasta un río al otro lado del país y abandonarla allí. Tendremos que recordar que las lágrimas de una mujer, pueden ser lágrimas de terodáctilo...