domingo, 17 de octubre de 2010

Cubriendo necesidades

Los domingos por la mañana en Trujillo, al norte del Perú, decenas de personas transitan por las calles. Algunos más cavernícolas que otros y unas mujeres totalmente hechas unas trogliditas, pues las fiestas, cargadas de alcohol, no terminan sino hasta que la luz del día se asome por las ventanas.
Entre esas muchas personas que caminaban por la calle se encontraba un verdadero Cromagnon. Este hombre, afeitado y con "taparrabos" elegantes, dignos de ser un hombre con caverna fina, se tambaleaba de un lado al otro y en algunos momentos parecía que se desplomaba sobre el piso. Estaba tan alcoholizado, que empezó a hablar solo insultado a los hombres que empuzajan sus ruedas junto a él. Lamentablemente, para su tristeza y desolación, nadie escuchaba los idiomas en que hablaba.
Las horas pasaban y el rostro de este hombre empezó a compunjirse de manera extraña. Su mirada buscaba con desesperación algo, mientras que su caminar era más rápido a cada instante. Las palabras llenas de ..era y ...ajo eran demasiadas y cada dos segundos recordaba a la madre de alguien, de forma no muy amable. Arrojó la cachiporra y saltaba, como el primate que era.
De repente sus ojos se iluminaron. Al final del camino se divisaba un enorme muro blanco donde nadie lo vería. Al llegar al lugar miró sigilosamente para que no haya testigos inoportunos y en menos de un segundo empezó a miccionar sobre ese muro, que protege a las protectoras de la religión. En el idioma de los homo sapienss trujillanos, a este espacio se lo conoce como "Convento de Santa Clara", pero que casualmente nadie respeta, pues a los pocos segundos más de mis amigos cavernícolas llegaron al lugar y empezaron a dejar salir sus fluidos, junto a este espacio, incluso cuando las mujeres salían del lugar.
El día avanzaba, pero la zona ya estaba marcada como animales que somos. Este espacio una horda entera de cromagnones la había hecho suya. Era una nueva propiedad olorosa.
Los cavernícolas vuelven cada fin de semana a este lugar en busca de su marca. La buscan y repiten el ejercicio, una y otra vez hasta el cansancio. La lección aprendida es nunca dejar que alguien gane tu espacio, y cuando tienes una necesidad sólo "Despáchate".

No hay comentarios:

Publicar un comentario